jueves, 24 de marzo de 2011

Vivencias de Greta.




Elegí un buen día para ir a la cafetería Paraíso a tomar café. Sentada en la minúscula mesa, al borde del paseo del acantilado ubicado en la parte alta de la ciudad. Me distraía observando el ir y venir de la gente moviéndose de un lado para otro, haciendo sus cosas, mientras me fumaba un aromático café creme holandés

Encontrándome ensimismada en mis pensamientos, no noté la presencia del camarero que traía la tarta de manzana y el café largo que había pedido un momento antes. Reclamó mi atención amablemente y puso encima de la mesa lo que le había pedido. Amablemente le agradecí el servicio y me puse a remover el azúcar de la taza de café.

Distraídamente removía parsimoniosamente el café con la pequeña cucharilla, mientras que al mismo tiempo, por encima de las gafas de sol, miraba de una manera indefinida hacia la escalinata que tenía enfrente. Me llamó poderosamente la atención alguien que bajaba la escalera. Lo contemplé extasiada disfrutándolo y siguiendo hasta el más mínimo detalle sus movimientos rítmicos y acompasados, que irradiaban sensualidad, todo el cuerpo con aspecto deportivo que la bajaba. Sin lugar a dudas, era el complemento perfecto para cualquier tarde después del café. Pero al mismo tiempo pensé: “no está hecha la miel para la boca del asno”

Casi me da un pasmo al ver que semejante monumento, cogía una silla próxima a mi mesa y se sentaba enfrente de mí. Intenté por todos los medios, hacerme la distraída y que él no notase que lo observaba. Aunque discretamente seguía haciéndolo. Al mirar de reojo y verlo sentado a horcajadas frente a mí, con esa postura erótica y sugerente, casi me pasa como el radiador del coche; que por exceso de calor sale el agua a borbotones.

Tremenda fue mi sorpresa, al percibir que clavaba su mirada en mí. Miré de izquierda a derecha, para comprobar que no era una ilusión mía, y que el destinario estuviese por allí cerca, pero verifiqué que no me confundía y era para mi persona.

Teniéndolo tan cerca, no pude reprimirme de hacerle un estudio más exhaustivo. No sobrepasaba los treinta años y sin ser una persona guapa, tenía un punto de atractivo muy interesante, irradiaba sensualidad por todos los lados. Lo reconozco y lo digo sinceramente, muy deseable.

Mientras me fumaba otro purito, elucubraba sobre lo conveniente o

inconveniente de la situación. Asaltándome una duda moral. Si era legítimo

que una señora de más de cuarenta años, se comportara como una adolescente, viviendo una tesitura y situación de comportamiento no muy acorde con su edad, según los cánones sociales establecidos. Aunque no recordaba haber vivido una situación tan placentera y semejante en muchos años, y que me hacía sentir más joven y genial.

Tan ensimismada estaba en mis cavilaciones, que prácticamente no me di cuenta que se acercaba a la mesa, y con mucha discreción me dejó un papelito encima de la mesa, obsequiándome con una gran sonrisa.

Antes de abrir y leer la nota, ya presentía el contenido de la misma. En ella había escrito su nombre y número de teléfono. Escribiéndome a continuación: “por favor, no dejes de utilizarlo y llámame”

lunes, 21 de marzo de 2011

Reflexiones de Greta.


Justo en el preciso instante en que me senté delante del ordenador, lo primero que me vino a la mente fue una reflexión muy precisa: “que fácil nos resulta escribir sobre los demás y, que complicado cuando intentamos escribir cosas de uno mismo”

Al recordar e intentar plasmar en el papel recuerdos y vivencias del pasado, el rubor nos recorre invadiendo las partes más intimas de nuestro ser, lo que nos hace sentir desvalidos y desprotegidos por hacer público nuestras cosas más personales. Pero soy de la opinión que secretos los justos. Aunque parezca una contradicción. La historia que es vivida en primera persona, la debe de narrar la afectada y no tercera persona que la puede desvirtuar. La que la vive debe tener el tacto suficiente para no involucrar, para que nadie salga perjudicado y pueda tener problemas por ello, pero al mismo tiempo que sea una historia lo más veraz posible. Toda historia buena o mala, intrínsecamente tiene algo que puede interesar y por tanto ayudar a los demás. También llegado un punto, cuando ya no hacen daño, las historias deben compartirse. Puesto que didácticamente pueden servir para el aprendizaje de otros, pues si no se diluyen, se evaporan en el tiempo y el vivirlas tanto como padecerlas no han servido de nada.

lunes, 7 de marzo de 2011

Un corto comentario


"El oficio de poeta no es mostrar caminos, sino ante todo despertar la nostalgia"

martes, 1 de marzo de 2011

"Inequívoco"


Le ordenaron subir un té a la habitación número siete. Mientras subía la escalera, se acordó de los comentarios que habían hecho por la mañana algunos compañeros.

Comentaban que la Dama que se alojaba en la habitación número siete, era muy extraña y que estaba loca. Rara vez salía de la habitación. También decían que en la habitación, sólo se oían voces y extraños ruidos.

Cuando llegó a la puerta, su respiración era entrecortada y su ánimo muy intranquilo, pensando en lo que podía encontrar allí. Temeroso, golpeó suavemente a la puerta. Desde su interior, una voz muy aterciopelada, le autorizó a entrar. Dentro de la habitación, la Dama le indicó que tenía que dejar la bandeja con el té, al lado de la máquina de escribir.

Ipso facto el camarero entendió el grado de locura de la Dama. Era una escritora.